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| La marimba para mi es una segunda esposa | ||||||||||||||||||||||||
Tomadas con verdadera devoción por las manos del mú sico, las baquetas acarician las maderas chiapanecas que no suenan: cantan. Como por embrujo las notas de Adolorido surgen de la marimba y Zeferino Nandayapa recuerda que esa melodía de Ponce Reyes fue la primera que tocó en su vida. “Mi papá me hizo una marimbita de juguete y en esa pude sacar Adolorido, cuando tenía apenas tres años de edad”, dice el viejo con evidente amor. Y presume: “Es que tengo oído absoluto”. Zaferino Nandayapa Ralda nació en 1931 en Copinalá, un pueblito chiapaneco situado “a hora y media” de Tuxtla Gutiérrez, la capital del estado. Sin embargo, el niño fue registrado en Chiapa de Corzo, donde la familia se fue a radicar. Su padre, Norberto Nandayapa Interiano, era constructor de marimbas, tocaba el clarinete y dirigía una banda musical. “El fue mi primer maestro”, dice ahora, en su casa del fraccionamiento de Santa Mónica, en el estado de México, quien llegaría a ser el más grande marimbista de todo México. Nandayapa –“mi apellido significa río verde”, dice— tiene ahora 78 años de edad y conserva plenas sus habilidades musicales. Tenía apenas 15 cuando dejó Chiapa de Corzo para ir a estudiar la secundaria en Tuxtla Gutiérrez. Al rato ya era director de la Marimba Cartablanca, integrada por adultos, que tocaba en bailes, festivales, bodas. Desde entonces era capaz de escuchar una melodía, cualquiera, y escribir su música de inmediato. “Es que tengo oído absoluto”, repite muy orondo. Ahí lo descubrió un general, que lo convenció de dejar el estudio e irse con todo y marimba al destacamento de Caballería de San Andrés Tuxtla, en el estado de Veracruz. “Junté a cuatro marimbistas y nos fuimos, pero como músicos, no como soldados. Nosotros no vestíamos el uniforme ni nos parábamos a las cinco de la mañana, qué va….”, recuerda entre risas. Hasta que un día tuvo lugar una visita del presidente Miguel Alemán y “ese día sí me vistieron de soldado, hasta con botas”. Fue demasiado: “Vendimos la marimba y nos desertamos”, cuenta. Tiempo después se fue a estudiar en el Conservatorio Nacional de Música, en la ciudad de México, que entonces dirigía Blas Galindo. Vivía con unos primos en la calle Violeta de la colonia Guerrero. Por las mañanas iba al Conservatorio y por las tardes a la secundaria nocturna número 1, que estaba en la calle de Regina, en el centro. Zeferino ya tocaba, además de la marimba, el saxofón alto, la trompeta y el acordeón. Y en el Conservatorio se puso a estudiar piano, con la maestra María García Genda. En 1952, a los 21 años de edad, se convirtió en director de la Marimba Juvenil Maderas Chiapanecas, con la que grabó su primer disco. Luego, en 1956, fundó la Marimba Nandayapa en la que tocaba, junto con otros, su futuro suegro, Álvaro Velasco Peña. Casado con Florencia Velasco en 1960, Zeferino tuvo cuatro hijos: Oscar, Norberto, Mario y Javier: todos marimbistas que, uno a uno, se fueron integrando al grupo musical hasta completar el quinteto actual. La Marimba Nandayapa hizo su primera gira internacional a finales de los años cincuentas, cuando actuó en diversas ciudades de Estados Unidos. En 1962 fue a Sudamérica: Perú y Chile, donde Zeferino fue enviado por la Secretaría de Relaciones Exteriores de México para encabezar una caravana de artistas mexicanos que viajó a ese país a expresarles a sus habitantes la solidaridad mexicana porque habían padecido un devastador sismo. “En cada pueblo que llegábamos –cuenta-- se tocaban los himnos de los dos países. Nosotros tocábamos el himno mexicano y una banda de Carabineros tocaba el chileno. Un día no llegó la banda y nosotros nos echamos también el himno chileno. Y es que tengo oído absoluto”. El prestigio de la Marimba Nandayapa desbordó las fronteras nacionales. Vinieron giras por España, Alemania, Japón, Dinamarca, Yugoslavia, Gran Bretaña, Francia, Colombia... hasta contabilizar 54 países. Han grabado más de 70 discos y han actuado en los más importantes escenarios del mundo, incluido el Carnegie Hall de Nueva York. Zeferino, que por si fuera poco fue durante 30 años director de la orquesta de la Comunidad Judía en México, ha actuado como solista con la orquesta de la Comunidad Española en Madrid y la Royal Philarmonia, en Londres Inglaterra, interpretando obras escritas para marimba y arreglos hechos por él de música propia y de música tradicional mexicana. Ha recibido innumerables reconocimientos y preseas, como el Premio Nacional de las Artes en 1996, la medalla del Comité de Excelencia Europea y la Medalla de la Paz, que le otorgó la ONU en Nueva York. En las giras, el principal problema que los marimbistas enfrentan es el cambio de climas, que afecta seriamente la afinación de su instrumento. Zeferino explica que la marimba está hecha toda de madera. El teclado es de hormiguillo, un árbol netamente chiapaneco, y las cajas de resonancia son de cedro. Generalmente es tocada a la vez por cuatro músicos: el tiple, que equivale a la primera voz; el segundo, el armonista y el bajo. Zeferino es el armonista del grupo. --¿Qué significa para usted la marimba? --¡Todo! -- responde el músico chiapaneco con el entusiasmo de un chamaco--Para mí la marimba es como mi segunda esposa… --Bueno –tercia su hijo Javier, presente en la entrevista, muerto de risa—: mi mamá dice que a veces la marimba es la primera. |