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El mexicanísimo “borrón y cuenta nueva” no es otra cosa
que la consagración de la impunidad. El olvido como
forma de solapar corruptelas o irresponsabilidades de
los funcionarios públicos es efectivamente una práctica
común que no debiéramos ya permitir. Los ciudadanos
tienen derecho no sólo a la transparencia en el manejo
de recursos y en la toma de decisiones, sino también al
castigo de los responsables de actos de gobierno
indebidos. Todo esto viene a cuento por la cantidad de
irregulares que han brotado en Benito Juárez en los
últimos meses, imputables a la administración de Germán
de la Garza Estrada como jefe delegacional, sobre todo
en materia de construcciones; pero también debería
responder por el despilfarro que significó el absurdo
proyecto de los “parques lineales” --con sus jardineras
absurdas, hoy convertidas en estorbos al tránsito-- y su
“caminito rosa”, que actualmente da grima y rabia, en el
que botó más de cinco millones de pesos para nada. Y
ahora resulta que el dichoso puente peatonal de
Tintorero, que tanto cacareó el exdelegado, cuya
construcción llevó más de dos años y en el cual se
despilfarraron otros seis millones de pesos, tampoco
sirve: sus ascensores para discapacitados ya no
funcionan y todo está sucio, grafiteado, abandonado. Que
pague. |