
El barrio conserva algo de su
fisonomía pueblerina, como el trazo caprichoso de sus
callejuelas, los estanquillos, la carnicería de la
esquina, la fonda de doña Lupe, la vetusta capilla del
siglo XVI, el jardincito que ni a parque llega.
Apergollado entre los ejes viales y la calzada de
Tlalpan, mantiene sin embargo una vida comercial y
comunitaria intensa. Quedan pocas casas viejas pero
muchas reminiscencias. Es San Simón Ticumac, la colonia
donde vivió y murió el escritor Carlos Monsivais.
Hace
casi 70 años, los herreros del rumbo empezaron a
instalar sus puestos de fierros viejos en la calle
Libertad, junto al viejo mercado que hoy es uno de los
más grandes, completos y prestigiados de la ciudad, por
la calidad y variedad de sus productos alimenticios.
Ese, y el de plomería y ferretería, además del tianguis
callejero “de viejo”, son en realidad los mercados de
San Simón, en cuyos límites territoriales se ubican,
pero que al correr los años se los acabó por apropiar la
colonia Portales, cuando menos en la nomenclatura y en
la percepción de sus visitantes.
San Simón tiene en
total 64 manzanas y vive literalmente adherido a la
calzada de Tlalpan, que le proporciona posibilidades de
comercio, vialidad y transporte. Y baile, claro: ahí
sobrevive aún el legendario California Dancing Club. Sus
otros límites territoriales son la avenida Independencia
al Norte, donde colinda con la colonia del Periodista;
el eje central Lázaro Cárdenas, al poniente, y la
calzada Santa Cruz al Sur, justo donde se besa con la
colonia Portales Norte, con quien disputa la supremacía
mercantil, aunque ya no la fama. Hasta donde se sabe,
nos cuenta la cronista de la delegación Benito Juárez,
María de Jesús Real García Figueroa.
Ticumac empezó a formarse en una
porción de tierra firme que emergía al sur de la laguna
que rodeaba la ciudad lacustre de Tenochtitlán y que
sirvió de contrafuerte para el terraplén de ocho metros
de ancho construido por los aztecas como camino o ruta
destinado para su ejército y los pochteca o
comerciantes. Al consumarse la Conquista, las tierras de
Ticumac pasaron a formar parte de los primeros
latifundios o haciendas. Los frailes franciscanos
avecindados en Coyoacán construyeron a mediados del
siglo XVI una modesta capilla en esta población, la cual
dedicaron al apóstol San Simón y en ella comenzaron su
labor evangelizadora en la zona. Tierra de floricultores
y cultivadores de las más variadas legumbres que
proveían a la Ciudad de México, San Simón Ticumac fue
por largo tiempo una comunidad semiurbana, que compartía
muchos aspectos con otros pueblos, entre otros Santa
María Nativitas, Santa Cruz Atoyac y Xoco. Sus
pobladores se ocupaban del cultivo de magueyes, maíz y
diversas plantas; además, se criaban aquí cerdos y vacas
atendiendo desde luego la producción de sus derivados.
La calle principal es por supuesto San Simón –empedrada
allá por 1910—en cuyo número 62 está la casa en que
vivió Monsiváis al lado de su madre y sus 13 gatos. Los
vecinos cuentan que con frecuencia veían pasar caminando
al escritor –que nunca uso automóvil propio- -rumbo a la
calzada de Tlalpan, para meterse en alguna fonda o
abordar un taxi, o por la calle Juan Escutia, hacia el
jardín “Pascual Ortiz Rubio”, ubicado prácticamente a la
vuelta de su casa, donde acostumbraba pasar ratos de
solaz y lectura. Dicen que rara vez se encaminaba con
rumbo al mercado, pero sería impensable que no fuera
cliente asiduo del tianguis “de viejo” de las calles
Libertad y Rumania, cuando era, entre otras muchas
cosas, un apasionado coleccionista de objetos antiguos,
muchos de los cuales están en la colección del cronista
en El Estanquillo, su museo. |
Vecinos de la colonia San Simón
Ticumac denunciaron el daño a sus viviendas por parte de
los responsables de una obra de construcción en la calle
Antonio Rodríguez 35. Libre en el Sur constató que las
viviendas localizadas en Centenario 59 y en Tercera
Privada de la Luz números 6 y 10, presentan diferentes
daños, como humedad, cuarteadoras en paredes, pisos y
techos, y vidrios rotos. “Son daños estructurales”,
asegura Jesús Grande, uno de los propietarios, mientras
muestra la inclinación que presenta su casa. Relata que
lucha contra esa obra desde el 2006, cuando en el predio
se demolió una vieja nave industrial, lo que provocó
acumulación de agua y cascajo y la aparición de fauna
nociva. Recientemente levantó la denuncia penal FBJ/BJ3/
T1/01656/10-06 por daño a propiedad. Su apreciación
sobre las afectaciones fue avalada por un reporte que la
Secretaría de Protección Civil del DF envió a la
delegación Benito Juárez el pasado 11 de enero (oficio SPC/SCPPP/ DGP/40/2010). Tras una “revisión técnica
ocular”, la dependencia determinó catalogar al inmueble
como de “alto riesgo”. Y es que halló “fisuras en forma
diagonal y longitudinal” en muros y losas de entrepisos,
así como “problemas de asentamiento diferencial hacia el
predio colindante del lado poniente”. También detectó
“filtraciones de agua en el muro de colindancia con el
predio ubicado en Antonio Rodríguez 35”. Los otros tres
casos –en Privada de la Luz 10 existen dos viviendas—
quedaron asentados en la denuncia penal FBJ/BJ4/T2/924/10-04.
En la casa de Centenario 10, por ejemplo, se aprecia
cómo lo que queda de la barda colindante con la obra
denunciada está apuntalada.
El Plan Parcial de San Simón
permite la construcción de edificios de tres niveles
como máximo; pero en Antonio Rodríguez 35 se planea
levantar seis pisos para 55 viviendas, con una inversión
total de más de 29 millones de pesos. El pasado 3 de
junio autoridades delegacionales clausuraron la obra,
aunque apenas una semana después fueron retirados los
sellos. De acuerdo a la información de la DBJ, aquella
diligencia se realizó ante Alberto Igor del Moral
Magaña, “quien se identificó como responsable de la
obra”. Pero en la placa colocada en la barda del
inmueble se presenta como responsable a Mauricio
Villavicencio Salgado (número 685). |