
El significado de su nombre en náhuatl
lo describe: “lugar de mucho epazote”. Es la esencia
misma del sabor hidalguense, relicario portentoso de un
tesoro colonial rodeado de maravillas naturales.
Epazoyucan está además al alcance de tu mano, a sólo 109
kilómetros del Distrito Federal, cerca de numerosos
atractivos turísticos que incluyen pueblos mágicos,
haciendas, vestigios arqueológicos, rica y variada
gastronomía.
Quizá le sorprenda, pero en esta
pintoresca población se encuentra uno de los monumentos
religiosos más bellos del país, el Templo y Ex-Convento
de San Andrés, construido por los frailes agustinos en
1540 que como auténtica reliquia guarda cuatro de los
más valiosos frescos del siglo XVI atribuidos al celebre
pintor Juan Gerson. Portento de belleza arquitectónica
de estilo Tequitqui --del cual es la única muestra que
queda en México -- cuya fachada es de estilo plateresco
muy sobrio, aunque de gran elegancia, pues muestra
columnas pareadas con sus cuerpos trabajados en formas
acanaladas y salomónicas por tramos y un curioso alfiz
que envuelve a la ventana del coro con un remate
triangular. La capilla abierta esta junto a la fachada y
su arco muestra un tallado de gran influencia indígena,
al igual que las tres capillas posas que se conservan en
el atrio.
También encontramos el Museo del
Ex-Convento de San Andrés, ubicado en los pasillos y
dependencia del claustro, en donde el visitante podrá
observar una sencilla muestra fotográfica, objetos
prehispánicos provenientes de algunos sitios de los
alrededores y las pinturas al fresco que adornan parte
de los viejos muros del recinto con escenas de la pasión
de Jesús.
Epazoyucan está rodeado por un área de
abundantes bosques de coníferas, conocida como “El
Guajolote” cuyo nombre se le dio por la enorme peña
localizada en medio y que semeja a un guajolote. También
cuanta con amplios parajes verdes que sirven para
acampar y organizar un agradable día de campo. Dentro de
sus recursos turísticos tenemos a las ruinas del cerro
de las Navajas, las minas de obsidiana verde y negra, el
balneario el Fresno, el museo comunitario Tomazquitla,
la zona arqueológica Cerro Alto y las Peñas Cargadas. El
cerro de la Navaja es una gran extensión montañosa donde
abunda la obsidiana de diferentes colores, como la
dorada, la roja, la verde, la negra y la de arco iris y
donde los grupos prehispánicos obtenían dicho material
para la elaboración de diversos objetos.
La exhacienda de Coposillo data del
siglo XIX. Se dedicaba a la producción y venta del
pulque. En la actualidad se ha rescatado la construcción
respetando la patina del tiempo y sus interiores son de
un estilo ecléctico. Cerca de ahí está El Grillo, un
rancho cinegético con animales exóticos como el jabalí,
venado cola blanca, borrego muflón, cabra catalina y
antílope Otro sitio muy interesante es la exhacienda de
Tepozotlán, un verdadero museo vivo que nos traslada al
pasado campirano al recorrer la sala, el despacho, el
comedor, la cocina y las recámaras de la antigua casona