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Las sorprendentes 'capillas otomíes'

Entre las maravillas que esconde la Sierra Gorda queretana están cientos de capillas familiares de origen otomíchichimeca que aún se conservan en diversos pueblos de una región catalogada por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad y que es posible conocer durante un paseo de fin de semana

Antonio Machuca

En el municipio de Tolimán en las estribaciones de la sierra gorda queretana, existen más de 260 capillas otomíes, también conocidas como capillas familiares o capillas-oratorio. Son unos pequeños santuarios erigidos principalmente en el siglo XVIII que expresan una amalgama cultural sin par: construidas en honor al primer familiar bautizado, estas capillas son una mezcla de la indomable cultura chichimeca y la persistente labor de los evangelizadores franciscanos.

Vigilados por la Peña de Bernal, envueltos en el paisaje semidesértico –como lo describe el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH)— “los pueblos otomíes de Querétaro guardan celosos entre sus casas de tabicón y cemento estas viejas capillas familiares en donde residen las ánimas de sus ancestros mecos (chichimecas); allí se encuentran la protección y el poder, la continuidad del linaje”. Conscientes de este valor, el propio INAH, a través de un estudio etnográfico y como instancia normativa, así como el gobierno de Querétaro, impulsaron que este legado forme parte de la lista del Patrimonio Inmaterial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Hasta el momento, el inventario de estas antiguas capillas familiares comprende alrededor de 260, sobre todo del siglo XVIII, distribuidas en el municipio de Tolimán y áreas menores de los ayuntamientos de Colón, Ezequiel Montes y Cadereyta; no obstante, existen varias de reciente construcción “y que tendríamos que incorporar pues también son espacios para la veneración de los ancestros”. Pese algunas diferencias, las capillas familiares otomíes guardan un esquema similar: una construcción en bóveda de cañón o de arista, vinculada con un pequeño atrio exterior donde puede haber uno o varios calvarios, nichos o ‘justicia’, en los que se dispone la cruz del antepasado principal y otras de menor tamaño correspondientes a miembros del grupo familiar, también fallecidos. “Existe una cruz que es la más grande y representa al primero de este grupo parental, de hecho, se cree que las capillas se construyen a la muerte del primer fundador de la estirpe”, comenta Beatriz Utrilla. También se encuentra un muro testero en el que está el altar, sobre esta peana se coloca la imagen del santo que preside la capilla (San Miguel Arcángel, San Isidro, entre otros) y que tiene conexión con el ancestro principal, los cuadros de ánimas y algunos santos de “preferencia”. “Cada que moría alguien —apunta la antropóloga— se aumentaban figuritas en un cuadro que se le conoce como de ánimas, entonces podemos ver básicamente genealogías de los parientes de difuntos. Se cree que los muertos se convierten en ánimas que pueden transitar entre este mundo y el otro, y en Día de Muertos regresan”.

Dentro de las capillas, que suelen medir entre ocho y diez metros de largo por cuatro o cinco de ancho, se puede observar inscripciones que recuerdan nacimientos, matrimonios y decesos, pues estos oratorios son el centro principal de la vida de numerosas familias indígenas del semidesierto tolimense. Están distribuidas mayormente en los pueblos de San Antonio de la Cal, San Miguel Tolimán y San Pablo Tolimán, así como en La Higuera y en la zona de El Carrizalillo, son de tipo unifamiliar o de barrio, y se utilizan en diferentes fechas: Día de Muertos, Semana Santa, fiestas patronales, peregrinaciones a las elevaciones cercanas (Peña de Bernal, El Zamorano y el Cerro del Frontón) o en Navidad. En los últimos tres años, el gobierno estatal ha destinado aproximadamente 18 millones de pesos para la restauración de casi 40 capillas y un par de iglesias. Si quiere visitarlas, le recomendamos viajar al pueblo de San Miguel Tolimán, uno de los pocos lugares donde se siguen practicando rituales en las capillas-oratorio. Visitarlas representa una oportunidad única de apreciar un elemento religioso, dinámico y vital del tejido social de este pueblo mestizo. Debe localizar al encargado de la capilla para que le abra la puerta. Lo hará con gusto.