No deshojaban completas las jacarandas cuando un virus de influenza –mitad porcino mitad humano— que a la postre no ha resultado más que una mutación del clasificado con la primera letra del alfabeto, transformó de manera abrupta la vida de los capitalinos. Si se tratase de seres con sentimientos –que ni seres vivos son— semejantes suyos se habrían puesto envidiosos con la que armaron. Pero no es injusto el crédito dado a la influenza porcina, y no porque sea tan peligrosa esta enfermedad como se creía. El espécimen maligno (aunque los médicos dicen que está resultando más benigno que su antecesor aviar) ha sido capaz de disfrazar con el tapabocas a la mitad de los chilangos, de robarnos a los adultos el mes de abril y a los niños el Día del Niño, de acallar a los políticos y sus guerras mediáticas, de estimular a los legisladores a apresurar asuntos por consenso, de poner freno al “vicio y la perdición”, de volver monotemáticos a los medios de información, de cerrar los puestos ilegales de comida insalubre –que son focos permanentes de infección-- pero, lo más increíble, ¡de bajar la delincuencia! Ya hubieran querido los cientos de miles de manifestantes de la Marcha Iluminemos México haber conseguido al menos una mínima parte de lo logrado por la influenza frente a los maleantes: No ha habido secuestros y las violaciones y homicidios dolosos –eso dicen-- han descendido más del 50 por ciento. Han sido escasos los robos a casas habitación y se han reducido los hurtos a transeúntes, a pasajeros a bordo de taxi, microbús y Metro, a cuentahabientes saliendo de cajero y a negocio, con o sin violencia. A esos virus sólo les falta reírse de todos nosotros –aunque no son seres vivos, sino funcionales-- por haber pasmado nuestras vidas con una leyenda sobre la extinción humana.
Cubilete
*Buen comentario del Quique Tamayo en el féis: Cuando vaya a salir el Secretario de Salud a conferencia de prensa, tengan listas sus calculadoras. También el de Gerardo Galarza: Estas son puras marranadas. Y de Rivelino Rueda: Pero la puerca no es la culpable...
*Vale también recordar una de las definiciones de virus que da el Pequeño Larousse: "Fuente de contagio moral".